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CON DIOS Y CON EL DIABLO
Hoy la Iglesia busca que se respeten los derechos de un sector absolutamente desprotegido de nuestra sociedad: los procesados y condenados por “violaciones a los derechos humanos”. La izquierda y muchos liberales y progresistas se alinean para rasgar vestiduras y dejarla al margen de “asuntos temporales”. ¡Algunos a pretexto del combate a la delincuencia

 

 
            Una noticia nacional, difundida esta semana, nos ha hecho recordar el popular dicho, “estar bien con Dios y con el Diablo”, que aplicamos a quienes se equilibran buscando quedar bien con todo el mundo, infalible receta para el fracaso aun si, a veces, asegura la propia supervivencia.
 
            El Ministro del Interior ha concurrido a la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados y, confrontado con una activa organización, ha optado por manifestar “a título personal”, su opinión contraria a la facultad presidencial del indulto y a concederlo a quienes la jerga popular llama “violadores de los derechos humanos”.
 
            No se detuvo ahí el Secretario de Estado, en sus opiniones personales, sino que expresó abierta crítica al rol que la Iglesia Católica ha tenido en la promoción del llamado “Indulto Bicentenario”.
 
            Con cristiana caridad, nuestro Cardenal, al contestarle, ha supuesto que debe estar arrepentido de sus dichos, junto con señalar que la Iglesia no se amedrenta por sus críticas.
 
            Hace poco tiempo, el embajador de Chile en Argentina perdió su cargo al emitir opiniones personales en una entrevista. Aquí, hasta ahora, nadie ha pedido la renuncia del Ministro del Interior.
 
            ¿Cuál es la diferencia?
 
            Las opiniones del embajador molestaron a la izquierda, en cambio las del ministro han sido recibidas con un agrado que no fue óbice para que igual pasara un mal rato en la citada comisión.
 
            Años atrás, durante el Gobierno Militar, la Iglesia Católica, a través de la Vicaría de la Solidaridad, protegió a quienes eran perseguidos por los servicios de seguridad. La izquierda aplaudió, incluso la atea o “agnóstica” o de otros credos.
 
            Hoy la Iglesia busca que se respeten los derechos de un sector absolutamente desprotegido de nuestra sociedad: los procesados y condenados por “violaciones a los derechos humanos”. La izquierda y muchos liberales y progresistas se alinean para rasgar vestiduras y dejarla al margen de “asuntos temporales”. ¡Algunos a pretexto del combate a la delincuencia!
 
            Claro que hay que tener presencia de ánimo para enfrentarse al diputado Gutiérrez o las señoras de la AFDD pero, al tratar de equilibrarse, el ministro no quedó bien con Dios, ¿y con el Diablo?
 
2010-07-17