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PERSECUCIÓN IMPLACABLE
No hubo perdón. Misión cumplida, dirán algunos con satisfacción.

 

            El reciente fallecimiento en prisión de nuestro camarada de armas, SOM ® Héctor Vallejos Birtiola, nos lleva a formular algunas tristes reflexiones respecto a la Justicia de nuestro país y las autoridades encargadas de velar por su recta aplicación.
 
            Podíamos comprender que, durante los gobiernos concertacionistas, la extrema izquierda impusiera la política de “ni perdón ni olvido”, mal que mal, siguen considerando como sus enemigos a quienes se opusieron al extremismo y salvaron al país del desastre de la Unidad Popular.
 
            Siendo así, lograr que finalmente se les desconociera todo derecho, comenzando con el derecho a debido proceso y, obtenidas las condenas, negar todo beneficio intrapenitenciario, encajaba perfectamente en esa lógica.
 
            No cabía el perdón que, por la vía del indulto, le había sido aplicado a la totalidad de los suyos.
 
            Lo que alguien tendrá que investigar a futuro es cómo ha sido posible que esa visión sesgada y parcial siga prevaleciendo e inmovilizando a quienes no la comparten y que se supone están para llevar adelante un programa de gobierno que, se nos dijo, implicaría el pleno imperio de la ley.
 
            Así, a nuestro fallecido camarada, gravemente enfermo, se le negó la posibilidad de pasar sus últimos momentos en su hogar. Ello podría disgustar a quienes, dentro y fuera del gobierno, persiguen implacablemente a un sector de la sociedad absolutamente desprotegido.
 
            No hubo perdón. Misión cumplida, dirán algunos con satisfacción.
 
            ¿Y el olvido?
 
            Es nuestra responsabilidad que esta absoluta ausencia de sensibilidad no sea olvidada y la enrostremos cada vez que ello sea necesario.
 
            Las circunstancias que rodearon la anunciada muerte del SOM ® Héctor Vallejos Birtiola (QEPD), no puede quedar en el olvido.
 
            Si puede haber algún consuelo para su atribulada familia, es nuestro firme propósito que su sacrificio no haya sido en vano y en empeñarnos por evitar la repetición de semejante atropello a la dignidad de una persona que, en su momento, no hizo otra cosa que cumplir su promesa de obediencia y su compromiso con la Patria.
 
La Directiva
 
2010-05-30