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La Historia los Premiará. Blog de H. Pérez de Arce. 24 de abril de 2019
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El teniente Luis Carevic, en abril de 1979, se hizo cargo de desactivar un artefacto explosivo colocado por terroristas de extrema izquierda, pero estaba concebido de tal manera que debía matar a quien intentara desactivarlo.

 

No es que haya dejado este blog de lado, sino que he dedicado mucho tiempo al remate final del libro que tentativamente titularé "Miseria de la Chilenidad Actual" (miseria en el sentido de miserable, por supuesto). Ello no me ha dejado tiempo en estos cinco días para escribir otro blog.

Pero la verdad es que lo único llamativo que he visto en esos días ha sido un aviso pagado muy pequeño en "El Mercurio", en un rincón inferior de la sección Crónica, que decía: "Al cumplirse hoy 40 años del asesinato del teniente Luis Carevic Cubillos por la mano cobarde del extremismo, el curso militar 1969/1973 rinde un emocionado y justo homenaje en su memoria". El diario se preocupó de advertir, en la parte superior de la publicación, que era una "inserción", no fuera cosa que alguien llegara a pensar que compartía su contenido.

El teniente Luis Carevic, en abril de 1979, se hizo cargo de desactivar un artefacto explosivo colocado por terroristas de extrema izquierda, pero estaba concebido de tal manera que debía matar a quien intentara desactivarlo. En ese sentido era del mismo tipo del que mató años después a dos uniformados en el Hotel Araucano de Concepción, lo que motivó una venganza ilegal de un grupo de carabineros que, en reacción no permitida por el gobierno militar, pero que éste no alcanzó a impedir, dieron muerte a tres cabecillas, Parada, Guerrero y Nattino, del FPMR, entidad que había colocado el explosivo.

Por supuesto, hasta hay monumentos y escenificaciones recordatorias de esos tres jefes terroristas (a los cuales la prensa dominante llama respetuosamente "profesionales comunistas"), aparte de que todo el costosísimo Museo de la Memoria marxista está dedicado a deificar a personajes como ellos.

En cambio, los reales mártires, como el teniente Carevic, que velaban por que el comunismo no se apoderara del país y por evitar que los de ciudadanos comunes fueran víctimas de atentados, no sólo no son recordados, sino que no tienen monumentos ni menos son homenajeados en un museo financiado por el erario para recordarlos, como los cabecillas del terrorismo. El costoso "montaje", como llamó el ministro Mauricio Rojas al Museo de la Memoria marxista, que ha hecho la izquierda con plata de todos para homenajear su tentativa armada, goza de protección oficial y le costó el cargo a Rojas por dar su opinión. Lo mismo que le sucedió al director --designado por concurso-- del Museo Histórico Nacional por incluir en una muestra, que recibió un 92 % de aprobación del público, una frase y una imagen del ex Presidente Pinochet. Piñera dispuso la inmediata renuncia del director. La dictadura del No no admite disidencias.

Pero sirva de consuelo que probablemente el teniente Carevic esté en un lugar mejor del que le habría dispensado la sociedad chilena, a la cual murió protegiendo, si hubiera sobrevivido. Como estaba en el frente de lucha contra el terrorismo, es seguro que hoy estaría condenado o preso en virtud de alguna sentencia prevaricatoria de algún ministro sumariante de izquierda.

El que tiene un monumento de homenaje en la esquina norponiente del Palacio de La Moneda fue el que amparó a terroristas como los que mataron al teniente Carevic. Objetivamente el peor presidente de la historia del país. Su lugar lo debió ocupar quien verdaderamente reconstruyó el país y lo puso a la cabeza de las naciones del hemisferio. La historia, cuando se supere este período de miseria moral, rendirá un homenaje mucho mayor que el de un pequeño aviso pagado en un rincón de la crónica de un periódico a los que murieron combatiendo al terrorismo de izquierda .